¿ESTIMULACIÓN DE LLUVIAS? … sí se puede


“Las nubes pasmadas en el cielo provocan desesperación de quienes necesitan el agua para subsistir”. Eso señalaba hace unos días cuando parecía inminente la caída de agua, pero no, éstas desaparecieron sin dejar caer su contenido, el alivio inmediato y esperanza para los meses por venir. Así, han pasado varias semanas esperando que inicie la temporada de lluvias pero aún no llega el momento.

 

No soy meteorólogo para dar las razones del porqué no cae el agua, pues hay muchos cambios en los patrones atmosféricos que causan el clima como las variables presión, temperatura y humedad por mencionar las más relevantes, las que originan a su vez modificaciones en vientos, concentraciones higroscópicas, etcétera, etcétera. Sin embargo sé por experiencia que en muchos casos si no hay precipitaciones, éstas se pueden inducir de manera directa. La estimulación de lluvia es una práctica común que tiene que contemplarse en los casos como el que menciono y generalizarse como otra acción contra la sequía que aparece de manera recurrente en muchos sitios del país, cuyos efectos se han analizado en anteriores  Glosas.

 

El programa gubernamental de atención a la sequía, no contempla acciones del tipo aludido y se concentra en pagar las consecuencias mediante  indemnizaciones y, de manera marginal para prevenir los estragos que son secuelas del cambio climático que vivimos.

 

La estimulación de lluvias requiere un respaldo formal de información meteorológica en línea pues las acciones responden a una situación atmosférica que cambia en cuestión de horas. Y ¿en qué consiste? Te preguntarás amigo lector. Pues se trata de esparcir ciertas substancias en las nubes para producir  vapor de agua más denso y se formen gotas que por gravedad se precipiten. Estrictamente hablando el fundamento es el modificar las propiedades microfísicas del agua en las nubes para conseguir reducir el tiempo de formación de nanogotas, generar mayores volúmenes de vapor, y nubes de mayor espesor. Aparentemente se ve fácil, pero en la práctica no lo es.

 

La dificultad estriba en que hay que entrar al centro de las nubes “cúmulo- potentes”, sitios que los pilotos aviadores siempre evaden, pues son zonas de alta turbulencia con inestabilidad continua en todos los sentidos y con diversos grados de intensidad. Hace años recibí la invitación a una siembra en las nubes del estado de Sonora misma que decliné sin dudar. Momentos de pánico para los pasajeros comunes como el que ésto relata.

 

El objetivo de cada incursión es localizar los núcleos más adecuados para generar el efecto de una tormenta de agua, con el disparo de cartuchos con yoduro de plata, por mencionar alguno de los más utilizados, para que de inmediato se empiece a modificar y saturar las nubes para generar la ansiada lluvia donde se requiere. Esta operación se hace aproximadamente a 5 km sobre la superficie donde las temperaturas rondan los 10o C bajo cero.

 

La Física del proceso es complicada y en la actualidad se sigue trabajando en este renglón, máxime que el agua superficial ocupa nuevamente el lugar preponderante  que nunca debió dejar. Ya comentábamos en este espacio la urgencia de rehabilitar “Cajas de Agua”, bordos y presas, que desaparecieron como lugares de captación y regulación de agua de lluvia. Como es bien sabido, al aparecer los primeros flujos de agua provenientes de pozos profundos, se creó la falsa idea de la fuente inagotable que se podía usar durante todo el año. Después de aproximadamente 60 años de uso sin control, se constata que la realidad es otra, el agua subterránea es prácticamente un recurso finito que se extingue. Hay que volver los ojos al agua superficial.

 

Desde el punto de vista económico, el proceso en comento es totalmente rentable pues su costo es mínimo en comparación con las pérdidas que produce la sequía. La Estimulación de Lluvias es una alternativa más para enfrentar las adversidades ambientales que se tienen. Sí se puede