ARQUITECTURA COLONIAL … a cuidar el patrimonio


Cuando se interrumpió la construcción del nuevo fraccionamiento El Caracol, se aducía que no “iba” con la arquitectura de nuestra ciudad, porque era demasiado modernista. Muy bien, pero ¿cuál es la verdadera arquitectura de nuestra ciudad, la que todos debemos seguir? Y desde mi punto de vista, no es la de un simple pueblecillo provinciano con tejas, barro por doquier, que en conjunto da la impresión de un bello “Nacimiento” navideño. Así no es. Yo respeto las opiniones de los arquitectos sanmiguelenses, y más aún las de aquéllos que son estudiosos de nuestra historia y su arquitectura, y veo que hay confusión a ese respecto, por lo que me parece que vale la pena hacer algunas consideraciones.

Creo que nadie pondrá en duda que la época de mayor esplendor de nuestra Ciudad, es la comprendida entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX; en esos cien años se consolidó la arquitectura urbana residencial, misma que hasta nuestros días prevalece. Las grandes casonas se fueron edificando sobre el plano trazado dos siglos antes, tomando como punto de partida la entonces Plaza Mayor, hoy Jardín Principal. De allí parten dos ejes hacia el Norte Hidalgo y Relox, dos hacia el Sur, Aldama y Diez de Sollano, dos hacia el Este, San Francisco y Correo, y finalmente dos más hacia el Oeste, Canal y Umarán. Desde el siglo XVIII, se agruparon las casas en Cuarteles, y Manzanas, nomenclatura que hoy en día se aprecia en cada esquina de nuestro centro histórico, gracias a las gestiones de la pasada administración municipal, que se preocupó por rescatar los nombres de las calles en esa época.

La pista para llegar a un común acuerdo sobre el modelo a seguir, considero que se encuentra precisamente en el corazón de nuestra ciudad, en los cuarteles I, II, III y IV. Los expertos en el tema, se han manifestado en sus obras en ese aspecto, hoy controvertido, de la arquitectura genuina de San Miguel. Ya Don Francisco de la Maza, en 1934, Don Miguel Malo Zozaya, en 1958 y Don Luis Ortiz Macedo en 1994, por mencionar los más relevantes, señalan las casas más importantes y me parece que allí justamente están los ejemplares que nos deben servir de guía arquitectónica. Invito a los lectores de esta columna, y más aún a los arquitectos, a revisar las obras mencionadas, para hacer un análisis de las diferentes características de dichas casonas, a fin de que sirvan de inspiración para sus proyectos para casas auténticamente sanmiguelenses. Es claro que no se trata de hacer calcas, sino de tomar como base ciertos elementos normativos, de tal suerte que los proyectos resultantes tengan ese aire sanmiguelense. Hay patrones para las puertas, ventanas, corredores, barandales, faroles, cornisas, arcos, escaleras, tragaluces, pilas, fuentes, herrería, carpintería, etcétera, etcétera; incluso hay guía para las proporciones en las alturas de las casas, que dicho sea de paso, nada sugiere la altura mágica de 8.50 metros que hace unos años prevalecía en San Miguel, gracias a la inspiración de “alguien”, pero autoridad, y se tomó como una norma por demás absurda.

No obstante tenemos cuando menos cincuenta casonas modelo, hay una que sobresale y es la casa de la Canal; esa casa que conozco intensamente, desde mi nacimiento, y hasta que mi familia tuvo que enajenarla a la institución bancaria propietaria actual de ella, tiene lo que el arquitecto Ortiz Macedo llama “encanto señorial”; comenta con entusiasmo sus imponentes dimensiones, y perfecto equilibrio, sus delicados adornos en su fachada, tanto en cantera como en su majestuoso portón; asimismo es relevante en su exterior el maravilloso portal, que con generosidad y valga el término, ofrece sombra y protección al peatón, permitiéndole entrar en el ambiente de la casa. En ella hay muestras para todos los detalles mencionados párrafos arriba, y además tiene por exhibir patios, traspatios, corredores, tragaluces, respiraderos, entrepisos, accesos de entrada, tanto principal como de servicio, detalle único en las casas de San Miguel, también hay ejemplos para accesorias comerciales, despacho, caballerizas, cava, escaleras principal y de servicio, extraordinario oratorio o capilla privada, baños, cocina, despensa, comedor, salas, etc. etc. En una palabra, es un magnífico ejemplo de lo que hay que seguir, tanto en la unidad arquitectónica que representa la casa como en todos sus componentes.

Aún y cuando, no se trata de copiar una u otra casa de las que llamo modelo, por qué no retomar sus características y proporciones y no permitiendo a las nuevas construcciones la incorporación de ciertos elementos totalmente ajenos, que tal vez sean típicos en otras regiones de nuestra provincia, pero nunca de San Miguel.

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